lunes, 12 de enero de 2015

Una pena sin fin

Quiero ser optimista, pero, con cada día que pasa, temo que Oscar López Rivera va a morir en prisión, víctima del «castigo cruel e inusitado» que el imperio le ha impuesto. Es evidente que a nadie en el Gobierno de Estados Unidos de América, tan dado a pronunciamientos de derechos humanos para consumo exterior, le parece que esa larguísima sentencia sea injusta. El hombre acaba de cumplir 72 años y va camino a cumplir 34 años preso como parte de una sentencia de 70 años. Como en una novela o relato de Kafka, la burocracia del sistema que administra la justicia penal americana permanece impasible ante la solicitud de excarcelación de nuestro compatriota. Nadie sabe decir a ciencia cierta qué ocurre con esa petición.

Creo que los americanos le aplican a Oscar lo que ellos llaman benign neglect, es decir, un «descuido benévolo» o como diríamos acá: «lo matan a cuchillo de palo».

Y un día no muy lejano acabarán por matarlo definitivamente, pues su edad o alguna condición asociada a ella se encargará de terminar su cautiverio...

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