jueves, 8 de enero de 2015

La virtud de la prudencia

Quienes leen este espacio y los otros dos que mantengo por este medio saben que no soy tímido ni timorato; que practico el humor negro y la sátira. Como abogado, valoro la libertad de expresión y de prensa. Pero, procuro ser responsable, y no aplaudo el ejercicio de los derechos y las libertades en abierto menosprecio de ciertos valores que abonan a una convivencia pacífica y sana.

Si bien hay un amplísimo margen para el desenvolvimiento humano en una sociedad democrática y libre, los seres humanos no deben colocarse ni mucho menos colocar a otros deliberadamente en situaciones de peligro. Tampoco se puede provocar a otros, y esperar que ello no tenga consecuencias.

El mundo es consciente de que hay elementos dispuestos a vengar con violencia las blasfemias al islam. Independientemente de lo que uno pueda creer sobre ciertos postulados religiosos, como principio de convivencia humana, se deben respetar, y no deben ser objeto de mofas hirientes. No hacerlo, en este caso en particular, es adoptar una actitud irresponsable y hasta suicida, pues se pone en riesgo no solamente la seguridad propia, sino la del entorno.

El mundo sería mucho mejor si practicamos una mayor prudencia y nos abstenemos de burlarnos y humillar a los demás en cosas que consideran sagradas.

2 comentarios:

Roberto Ariel Fernández dijo...

Alberto, este asunto tiene varios ángulos que requerirían análisis. La prudencia puede evitar, o minimizar la probabilidad de enfrentar situaciones embarazosas. Ahora, si una publicación recurre rutinariamente a la sátira o se define por ese recurso estético o metafórico, cabe esperar que al tocar el tema del Islam use precisamente la sátira y hasta el ridículo. En todo caso, no se puede tolerar bajo circunstancia alguna la violencia como reacción a la sátira.

La sátira de los políticos es tan permisiva, saludable y hasta necesaria como la sátira de los religiosos y de sus religiones. Quizás es más necesaria la segunda. Esta gente que se ofende deben desarrollar pieles más fuertes y dejar de usar como excusa para la violencia su ofendida sensibilidad.

Alberto Medina Carrero dijo...

Amigo Roberto:Por supuesto que la violencia en casos como éste es inexcusable, pero uno no va al manicomio a agitar a los locos o no provoca a los animales, y después se queja cuando lo atacan.

Con la vida y la seguridad ajenas no se juega. Provocar deliberadamente a estos fanáticos religiosos es también una especie de «fanatismo» de los principios filosóficos. Hay tal cosa como "reckless endangerment", o sea, crear condiciones peligrosas para otros. Esos caricaturistas insistieron, aun por encima del llamado a la prudencia del gobierno francés, en ese curso de acción.

La moderación en el proceder es necesaria. "Discretion is the better part of valour», al decir de Falstaff. La democracia francesa no se va a caer, si se es prudente en el trato con el mundo islámico.