domingo, 9 de marzo de 2014

«¿Con qué se come eso?»

Espero que las recomendaciones de toda esa gente que particpa de alguna manera en los grupos ciudadanos para auxiliar al gobierno en la atención de la crisis económica tengan mucha más sustancia que las generalidades y lugares comunes que cita la prensa. Porque eso de «estimular» esto o «incentivar» lo otro no nos lleva muy lejos, si no hay ideas concretas. Sobre todo cuando ese lenguaje amorfo, anodino e impreciso, con frecuencia esconde agendas para favorecer intereses muy particulares, y no el bien común.

Se dice que «el Diablo está en los detalles», pues es a ese nivel de especificidad que la cosa se complica. Ahí es que surgen los tropiezos; cuando hay que proponer medidas que vayan más allá de la buena fe y los buenos deseos; cuando hay que balancear intereses y considerar la viabilidad de lo que se ha pensado. Entonces es que no basta con las buenas intenciones de los legos, sobre todo si desconocen las dificultades y los límites del poder público, particularmente en un país como el nuestro, donde la última palabra en casi todo no la tenemos los puertorriqueños.

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