lunes, 10 de marzo de 2014

Cantando las cuarenta

Continúa el lloriqueo del sector comercial en nuestro país, según el cual el problema se reduce a un proceso de otorgamiento de permisos lento y oneroso, y altos costos de operación en renglones como agua, energía eléctrica y, por supuesto, salarios y otros beneficios marginales para los empleados. La pregunta que nadie se hace públicamente es: ¿Por qué le va mal a los negocios, y muchos terminan en quiebra? Los comerciantes -- víctimas profesionales -- no aceptan su cuota de responsabilidad, que voy a adjudicar brevemente.

Primero, porque hay demasiados establecimientos comerciales en el país, lo cual dificulta que muchos puedan sobrevivir. Hay lugares y renglones en los cuales es casi una temeridad poner un negocio, pues la competencia es demasiado fuerte, y el mercado no lo aguanta. Segundo, hay malas ideas de negocio. Lo que se ofrece no resulta lo suficientemente atractivo y no genera demanda que haga rentable el negocio. Muchas veces, el tamaño del local lo condena al fracaso, ya que es demasiado grande para que se pueda sostener. Tercero, hay negocios mal administrados; a veces, por consideraciones familiares o de amistad la gerencia está en manos ineptas que lo llevan al fracaso. Muchas veces se pretende que toda una familia viva del negocio, cuando ello no es posible. Cuarto, los precios de bienes y servicios son irrazonablemente altos, y ello mengua el patrocinio. Con frecuencia, la gente percibe esa situación, y ni siquiera se molesta en entrar a la tienda. Quinto, la calidad de lo que se ofrece a los clientes es mala, y eso sella la suerte del negocio.

De esto es que se debe ocupar el sector comercial principalmente. Lo demás son excusas para encubrir sus propias debilidades y deficiencias.

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