sábado, 29 de marzo de 2014

Cautela empresarial

El empresarismo que se nos vende como solución al problema económico de muchos tiene algo de espejismo. Si bien todo país necesita una clase empresarial fuerte y numerosa como base de una sólida economía nacional, me parece engañoso crear falsas expectativas de autoempleo bien remunerado alentando a cada cual a poner su propio negocio en un país saturado comercialmente, con cadenas extranjeras por doquier e incapacidad para proteger la producción nativa. Por ahí se marca el camino hacia el endeudamiento personal oneroso y la quiebra. Incluso, el adquirir franquicias de negocios de origen extranjero debe verse con sumo cuidado, pues muchas de ellas tienen los días contados, por diferencias culturales y de idiosincrasia que, pasada la novedad, las condenan al fracaso.

Creo que no se debe fomentar irresponsablemente el deseo de ser dueño o jefe propio. Lo que hace falta es una buena dosis de realismo que evite aventuras y ensoñaciones abocadas al fracaso, por desconocimiento de las condiciones de un mercado sujeto no solamente a las fuerzas que le son inherentes, sino a las exógenas, de particular relevancia en nuestro país de menguada autoridad y aguda vulnerabilidad frente a la competencia desleal metropolítica.

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