miércoles, 18 de febrero de 2015

Acomodo y traición

El país se nos descalabró porque quienes debieron guiarlo por el camino de la verdad y otros valores superiores del espíritu dejaron a un lado esa responsabilidad patriótica, y se dedicaron a usufructuar el poder menguado de la colonia. «Aquellos polvos trajeron estos lodos». El pecado original del colonialismo maculó para siempre la evolución de nuestra patria. Los que sabían de la patraña de 1952 no solo la sostuvieron con tesis rebuscadas, sino que persiguieron con saña a quienes decían la verdad. Ante el bochorno y la cobardía de no afirmar la nacionalidad, encarcelaron y desquiciaron a las voces proféticas que clamaban en el desierto. Hicieron el trabajo sucio del imperio.

Consentida la sumisión política a Estados Unidos, vino la complicidad con la explotación económica. El pan criollo puertorriqueño fue preterido por el de sandwich, fuimos doblemente colonos en nuestra tierra, y se nos justificó la falta de libertad. Mientras, la inconformidad dócil con el sometimiento y la descomposición social se manifestaba sotto voce en almuerzos, cocteles y reuniones privadas, para no perjudicar ambiciones personales y profesionales. El acomodo se convirtió en el modus vivendi y operandi de la clase dominante. El cheque y la pensión se convirtieron en el alfa y el omega de dos generaciones que llevan en su conciencia el peso de la traición a sí mismos y a nuestro país.

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