miércoles, 17 de junio de 2015

Tirijala tribunalicio

Los dimes y diretes en el Tribunal Supremo de Puerto Rico no son cosa nueva, pero, de un tiempo a esta parte, se han recrudecido. El más reciente intercambio constituye un capítulo más de una bochornosa trayectoria que desmerece la institución y ofrece un pésimo ejemplo para la abogacía puertorriqueña y el resto del país. Ahora, a la mediocridad intelectual y jurídica se une la incivilidad en el trato entre los jueces asociados.

¿Con qué fuerza moral pueden esas señoras y señores jueces disciplinar a abogados por un comportamiento irrespetuoso en un tribunal o entre colegas fuera de este?

No hay comentarios: