martes, 3 de marzo de 2015

Administración de empresas 001

Me parece que hay entidades, personas y sectores de nuestra economía que se aprovechan del desasosiego imperante en el país para justificar su fracaso comercial o profesional, y reclamar subida de precios y exenciones tributarias, al igual que ayudas gubernamentales. La realidad es que la quiebra de muchos negocios nada tiene que ver con el costo de los servicios públicos o la estructura contributiva, sino con malas decisiones gerenciales en múltiples renglones. Hay negocios que nunca debieron ser establecidos. Otros están mal ubicados. Aun otros tienen inventarios demasiado grandes para un mercado. Hay quienes quieren venderlo todo a precio de oro. Los negocios familiares, muchas veces, tienen que soportar la carga de una parentela grande y no del todo productiva, que termina hundiéndolos. Algunos empresarios no se modernizan. Y todos quieren tener un margen de ganancia obsceno.

Por supuesto, nada de esto se admite. Es más fácil culpar al gobierno. Al que sea.

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