lunes, 4 de agosto de 2014

Honrar tanto, deshonra

De las muchas cosas malas que hemos copiado de los americanos está la manía de hacernos homenajes y premiarnos por todo continuamente. En Estados Unidos, aunque es toda una «industria», hace tiempo es motivo de burla. Nosotros no nos hemos percatado de ello, y nos pasamos la vida otorgándonos «placas, trofeos y pergaminos», según nuestro más famoso comediante, José Miguel Agrelot, ya fallecido. En gran parte se debe al complejo de país pequeño y sin soberanía, que busca desesperadamente reconocimiento dentro y fuera de sus fronteras.

Si bien es importante reconocer los méritos ajenos, esto nos ha llevado a hacerlo en casos de poca calidad o valor. Con tantas premiaciones y tantas categorías, el resultado es que, tarde o temprano, casi todo el mundo termina premiado, devaluando los galardones concedidos. Somos demasiado complacientes y condescendientes; queremos quedar bien con todo el mundo.

Seamos más exigentes y selectivos en la forma de honrar lo que verdaderamente lo merece.

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