sábado, 23 de agosto de 2014

El monje cuerdo

Ahora estamos como «el monje loco», porque «nadie sabe y nadie supo la verdad sobre el pavoroso caso de» la corrupción y otros desmanes en la judicatura puertorriqueña. Si fuera verdad -- que lo dudo -- es porque nadie quiso saber, haciendo unas averiguaciones mínimas, pues no hay que ser Sherlock Holmes para hacer unas deducciones que resultan «elementales». Todo lo que había que hacer era tener los oídos y los ojos bien abiertos, hacer una que otra pregunta bien hecha, y «no creer lo que nadie más creería».

Pero, se optó por la arrogancia del poder, las frases hechas y huecas, repetidas mecánicamente para exculpar, la defensa a ultranza y el rasgue de vestiduras ante la «blasfemia» de quienes osaban cuestionar la pureza y castidad de los jueces y las juezas. Hoy están todos consternados y sorprendidos, descubriendo el mar Caribe en el siglo 21.

Hoy viven el descrédito y el vilipendio de un país asqueado de la corrupción y la hipocresía.

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