martes, 5 de agosto de 2014

Desintegración

Hace un par de días señalé en este espacio la naturaleza cíclica de la vida, y ello incluye la vida política y la administración pública. Cada cierto tiempo, en el Gobierno de Puerto Rico, se da un «estira y encoge», en lo que se refiere a las agencias, es decir, que, a veces, se consolidan o fusionan, y en otras, se separan. La razón suele ser la misma: una supuesta eficiencia gubernamental. Estos cambios son parte de la historia del gobierno puertorriqueño.

Lo cierto es que la enfermedad del servicio público no está en la sábana de la organización. La historia ha demostrado hasta la saciedad que el buen desempeño de una agencia no depende de manera importante de si es un ente independiente o parte de una «agencia sombrilla». Cada modelo gerencial tiene sus ventajas y desventajas. Lo que hace falta es capacidad, compromiso, disciplina, inteligencia, rigor y supervisión eficaz, elementos que no abundan ni son reconocidos y recompensados, cuando aparecen en los cuadros gerenciales.

Ahora, con la mediocridad sentando pautas desde La Fortaleza, la integración de los servicios de transporte público funcionará igual de mal que antes, y tiene los días contados.

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