domingo, 6 de julio de 2014

Todos son nuestros hijos

Se insiste en el tema de los jóvenes que abandonan el país en busca de empleo y mejores oportunidades económicas, pero se deja fuera del análisis el elemento fundamental de la «crisis» creada artificialmente por los empresarios para justificar la explotación laboral. Esa, y no otra, es la raíz del problema, que se atribuye a una «desaceleración» de la economía. Dicho de la forma más sencilla posible, los empresarios quieren ganar lo mismo o más con menos empleados o pagándoles menos. Entonces, se han inventado una situación apocalíptica, para despedir empleados, reducir jornadas de trabajo, recortar salarios y beneficios, y chantajear gobiernos para que les desmantelen la legislación protectora del trabajo, en un movimiento orquestado nacional e internacionalmente.

Por eso, los jóvenes se ven obligados a buscar trabajo en otra parte. Hay trabajo, pero los dueños y patronos pretenden que se les haga en condiciones de explotación y hasta infrahumanas. Es la lucha de clases de las que nos habló Marx. Los ricos aprovechan al máximo su poder económico para oprimir a los hijos de otros, para que los suyos vivan con lujos.

Yo no quisiera ese karma...

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