miércoles, 19 de febrero de 2014

Jugando con César

Pongo por delante que siempre he estado en la primera fila de los malpensados, pero la demanda de la víctima de pederastia clerical en Puerto Rico no le ha caído del cielo a la Iglesia Católica. Tiene todos los visos de una gestión eclesiástica para fortalecer su reclamo de no revelar la información que, en última instancia, le ha de ser adversa, por cuanto pondrá sobre el tapete el alcance y la naturaleza del manejo de los casos de pedofilia por la jerarquía de la Iglesia. Necesitaban un «testigo estrella» y ahí lo tienen; sólo que el joven no quiere dar la cara, por sentirse avergonzado.

Pero, de lo que debería abochornarse es de prestarse para un juego de la curia, que llevaría a la impunidad y victimización ulterior de otros. Ofende el subterfugio de una Iglesia que persiste en su temeridad, y no acaba de vivir a la altura de su compromiso moral y, ahora, legal.

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