domingo, 11 de mayo de 2014

No hay escuela para tan poca gente

Vivimos en un país donde se protesta por todo, y nadie quiere aceptar decisión gubernamental alguna. El cierre de 100 escuelas públicas se toma como algo apocalíptico, y ya se anuncia la resistencia activa a esa determinación. Veremos a madres y padres encadenarse a portones de escuelas, y amenazar con inmolarse frente a ellas; todo porque tendrán que llevar a sus hijos a otra escuela a menos de cuatro millas de distancia, según se asegura. Pero, esos mismos son los puertorriqueños que se matan por conseguir el estacionamiento más cercano a las tiendas en los centros comerciales del país.

Claro que lo ideal es tener a los niños -- se trata de escuelas elementales -- cerca de casa, pero los movimientos poblacionales dictan reducciones de matrícula que hacen innecesarias ciertas escuelas, tanto públicas como privadas. Tanto es así que la Iglesia Católica ha tenido que cerrar unas cuantas -- algunas con décadas de establecidas -- en época reciente.

Aquí sí que cabe aquello de such is life o la vida continúa...

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