«Perro que ladra...jode»
Vuelve el sonsonete de los beneficios terapéuticos de tener una mascota --casi siempre un perro--, para pacientes de Alzheimer y otras demencias. Lo que nunca dicen es el perjuicio a los vecinos, de tener un perro que ladra incesantemente y a las horas más inoportunas. Es decir que, por hacer un supuesto bien --los dementes seniles no saben ni la hora que es--vuelven locos a los vecinos, que nada tienen que ver en el asunto. Todo esto es producto de una especie de lobby integrado por amantes desaforados de los animales, dueños de tiendas de animales y veterinarios, que se han confabulado para propagar esa especie.