Mercante, mercader

Aparte de alegrarme de la victoria de Cotto, lo cierto es que la actuación del árbitro fue muy desafortunada. Llevo muchos años viendo boxeo, y nunca había visto que un árbitro, primero, le hablara a un boxeador para estimularlo a que siguiera combatiendo, como lo hizo luego de la caída de Foreman por resbalón. En ello, parecía como si él fuera el manejador del púgil o el promotor del encuentro boxístico. Luego, que hiciera caso omiso de una «tirada de toalla»; sobre todo, después de permitir que subiera tanta gente al cuadrilátero. La explicación de que el combate debía continuar porque los asistentes habían venido a ver la pelea y merecían que continuara es reveladora de unas consideraciones ajenas a la función arbitral.

Arthur Mercante, padre debe estar dando vueltas en su tumba.

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