170 años de vigencia

La prensa - por lo menos, la que he leído, escuchado o visto - que cubrió la reciente juramentación de los nuevos abogados ante el Tribunal Supremo se ha ocupado exclusivamente de resaltar el desplante de los jueces asociados penepés, y ha omitido puntualizar un suceso notable ocurrido allí.

Se trata de la prolongada ovación y vítores que la concurrencia de jóvenes abogados y sus familiares le prodigaron al Presidente del Colegio de Abogados, como desagravio al atropello al que ha sido sometida nuestra institución. El público rompió con el protocolo y la solemnidad de la ocasión, para testimoniarle al compañero Arturo Hernández el respeto y la solidaridad que siente el país por nuestro Ilustre Colegio.

¡El Colegio vive!

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