Se dice que lo malo es lo que se pega, y lo que ocurre en estos momentos en Puerto Rico y en otras partes de «Nuestra América», así nombrada por Martí, es ejemplo de ello. Aquí, copiando el modelo de Musk, se ha elevado al Secretario de la Gobernación a nivel de funcionario con facultades omnímodas a la usanza del régimen del imperio español. Si a eso se le añaden las que ostenta su mujer como Secretaria de Estado «agrandada», tenemos una pareja no electa decidiendo sobre vida y hacienda al más alto nivel. Lo peor es que todo ello sucede en un clima de impunidad, pues se trata de una persona que, por decir poco, ha demostrado tener malos cascos en su intimidad y fuera de ella, protagonizando incidentes que han requerido la intervención de las autoridades, que solo la indulgencia oficial ha evitado que pase a mayores consecuencias. Y ahí radica el peligro para la buena gobernanza del país. La sumisión de los poderes públicos ante esta delegación de autoridad ultra vires soca...
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Pero eso no es lo preocupante, sino el manto de silencio que mantuvieron todos sus allegados para este final como gobernante y comienzo como “ciudadano privado”. Ahí está lo sospechoso, un gobernante que quiso proyectar una imagen de humilde y persona sin recaudos y bienes para que el Pueblo le cogiera pena.
Dentro de su “humildad”, este señor no podía mudarse para un sitio menos ostentoso. Claro, sus leales dirán que es una casa regular y ordinaria sin mayores arreglos o modificaciones. Pero todos sabemos que eso no pasará, que pronto habrán modificaciones a ese hogar sencillo y de persona de pueblo, que solo vive de los escasos ingresos que poseerá, fruto del “sudor de su frente”.
Total, la arrogancia perspira por todos sus poros y en Santa María olerá a rosas o a Eternity de Calvin Klein.
¿Cuán ingenuos seremos?