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Demasiada caridad en la casa

Somos un pueblo bueno y generoso, que se conduele de la desgracia propia y ajena, pero con una tendencia a la exageración, hasta en hacer la caridad. Todos los años se celebran innumerables actividades de recaudación de fondos para múltiples causas benéficas, con el agravante de que se repiten las ideas y los mecanismos para ello. La agenda filantrópica está llena de cenas de gala, desfiles de modas y torneos de golf , que compiten entre sí por el menguado apoyo económico de un Puerto Rico venido a menos por la crisis económica. Ahora hemos importado el tríalo -- no entiendo por qué le dicen «triatlón -- competencia deportiva que, además de poner a prueba la resistencia física de los participantes, pone a prueba la paciencia de los residentes de la ciudad donde se celebra. Como se sabe, en ella se nada, se corre bicicleta y se corren distancias considerables dentro de la zona urbana, lo cual obliga a limitar el espacio vial durante horas. Hace poco, se celebró uno, que causó consider...

Ha vuelto la sonrisa a la foto.

Pues, ya ha quedado aclarado el mal entendido sobre la necesidad de permisos para fotografiar ciertos lugares públicos de interés turístico. El permiso que hace falta es sólo cuando se trata de fotos o filmaciones comerciales, no para fines privados o turísticos. Lo primero es entendible, ya que se trata de gestiones que toman mucho tiempo y suponen el uso de múltiples y voluminosos equipos, condiciones que deben ser reguladas para mantener cierto control y orden público. Lo segundo es una actividad sencilla que no ofrece dificultad alguna, siendo parte de la libertad general de la gente que disfruta de su entorno. Lo que sí pone de manifiesto este asunto es el grado de control ciudadano al que se ha llegado en el país, por parte de las autoridades. Rodeados como estamos de policías estatales, municipales y guardias de seguridad privada, esta gente --  de escolaridad limitada y cortísimo entendimiento -- tiene un acentuado afán por la prohibición de todas clases, y goza con decir...

«A Dios rogando, y con [la macana] dando»

Sin duda, la Policía de Puerto Rico pasa por un mal momento, habida cuenta de los líos judiciales en los que se ven involucrados dos altos oficiales, amén del del coronel de la Policía Municipal, que en algo la salpica también, dada su procedencia del cuerpo estatal. Aunque de cualquier manera la situación sería incómoda para el cuerpo policial, lo es más porque se trata de imputaciones de delitos contra menores y contra la mujer, dos clases especialmente protegidas en la actualidad y objeto de fuertes campañas de orientación y prevención, de las cuales participa prominentemente la Policía. Uno no puede dejar de pensar en cómo la vida, en un giro, a quienes hacen profesión de ser custodios de la ley y el orden, se muestran inflexibles al aplicar las normas y abusan o son crueles con quienes reclaman sus derechos, los coloca en la picota pública a merced del escarnio social por conductas bochornosas. Las fanfarronadas de ayer son los lamentos de hoy, la prepotencia convertida en despre...

¡Cuidado con las «condecoraciones»!

Mientras más tiempo pasa, más se descubre de la podredumbre moral en la milicia norteamericana manifestada en Afganistán e Irak. El arresto del ex militar puertorriqueño por pornografía infantil y otros delitos sexuales contra menores aquí pone al descubierto que el individuo participaba de un tráfico ilícito de ese tenor dentro de los círculos militares en tierras afganas, de donde trajo parte del material. Esta degeneración no me sorprende en lo más mínimo, pues es parte de lo que el mundo ha visto en las fotos y las grabaciones en las bases y campamentos de detenidos en manos de los americanos. La degradación humana que supone participar en torturas y matanzas de personas, inluidos civiles inocentes, como algo rutinario corrompe el alma de tal manera que ya no hay límites a su maldad. El sentido de prepotencia que da el uniforme de invasor con superioridad material se traduce en un envalentonamiento que se piensa impune por las más terribles transgresiones a la ley y a la moral. ...

El joven que nada aprendió en los libros

Se dice que el joven soldado de ascendencia boricua que ha muerto recientemente en Irak tenía una maestría, era un aficionado a la historia y un lector voraz. Pues, todo ello le sirvió de muy poco, ya que no entendió que el ejército en el cual servía está allí y en Afganistán para propósitos que nada o muy poco tienen que ver con causas nobles, y sí como conquistador de tierras que le resultan beneficiosas a Estados Unidos, por puro interés económico, motor absoluto de la vida norteamericana dentro y fuera de sus fronteras. Por lo que se cuenta de él, el pobre muchacho cayó de incauto desde muy joven, con todos esos cantos de sirena del ROTC y el resto de la vida militar, y creyendo que tenía que «salvar» a su país -- Estados Unidos, porque nació y se crió allá -- se alistó, como un pedazo más de carne de cañón. Y lo ha sido.

Ya ni se miran.

Se denuncia la práctica de colocar múltiples anuncios cerca de las vías públicas, por lo que ello contribuye a distraer a los conductores, según surge de un citado estudio. Francamente, me parece que se exagera ese efecto. Primero, porque son tantos que ya ni llaman la atención. Segundo, porque, una vez se ven, ya nadie se fija en ellos nuevamente. Creo que la publicidad sobreestima su efecto. Es posible que me haya referido a esto en algún momento. Cuando se pasó The Godfather por primera vez en la televisión de Estados Unidos, fue todo un acontecimiento. Luego se hizo una encuesta para determinar la retentiva de los televidentes sobre los anuncios que se proyectaron durante la transmisión. Los resultados fueron muy decepcionantes para los patrocinadores. Lo cierto es que la gente está saturada de la publicidad comercial, y no creo que le preste mucha atención. Hay otras razones de estética urbana o visibilidad que deben aducirse para controlar la proliferación de estos anuncios g...

«Érase una vez...»

A pocos días de la boda real en Inglaterra, todos volvemos los ojos a ese mundo anacrónico pero fascinante de la realeza. Y es que la democracia, con todas sus virtudes, resulta aburrida y pedestre, y la imaginación popular necesita de estas historias de reyes y príncipes, para vivir una ilusión que se perdió hace mucho tiempo, pues, si bien la aristocracia y la monarquía tuvieron muchos desaciertos en la historia, también nos legaron unas obras que han enriquecido la cultura universal. Creo también que, en el fondo, todos anhelamos la sencillez de vivir bajo un monarca bueno e ilustrado, que, sin las complicaciones y las infeficiencias del partidismo político, gobierne para el bien de su pueblo. Por eso, nos entusiasma la idea de que príncipes apuestos y princesas bonitas se casen y sean felices para siempre, pues nos sentimos representados en esa unión de bondad y belleza en la realeza. Mis parabienes para William y Kate, y que se les cumpla su sueño de amor y felicidad, que es e...